¿Qué dijo Jesús sobre los Diezmos?


Por Nadia Hirsig 
Articulo original: ¡Un último adiós al diezmo!
Teóloga

El tema del diezmo es muy conocido para cualquier creyente. Aunque no todos hemos recibido la misma enseñanza, todos nos hemos encontrado con alguna manifestación de este concepto en nuestro camino. Sin embargo, propongo que no sigamos hablando del diezmo en nuestras iglesias. Las razones para darle un último adiós son múltiples:

No hay razón en el Nuevo Testamento para seguir con esta práctica

Los diezmos eran parte de un complejo sistema político diseñado para Israel. Entre otras cosas se usaban para sostener a la tribu de Leví que ministraba en el tabernáculo y a quien no se permitía tener tierra en posesión (Núm 18:24). Con el nacimiento de la Iglesia hay un cambio de paradigma en muchos aspectos porque su realidad es muy distinta a la del pueblo de Israel. Las ordenanzas sobre la organización política no se renuevan, puesto que la iglesia no funciona como un país. Con respecto a la enseñanza sobre el diezmo podemos observar también que no se renueva. La única vez que se menciona, es cuando Jesús argumenta con los escribas y fariseos para hacerles caer en cuenta de su hipocresía (Lc 11:42, Mat 23:23), más no para dejar instituida la regla para los creyentes.

No podemos elegir arbitrariamente leyes que eran parte de la mencionada organización política y darles vigencia para hoy. Si actuamos así con el concepto del diezmo, fácilmente podríamos introducir otras regulaciones que se dieron en el mismo contexto como el año de jubileo, el diezmo de los diezmos, primicias, exigir que los ministros no puedan tener tierra en propiedad (cf. Lev 18:21) o dedicar ciudades apartadas para uso de los ministros (cf. Núm 35:1), etc.

Igualmente tenemos que tener cuidado con textos como Malaquías 3:10 (“Probadme ahora en esto…”) que constituye la exhortación de Dios a su pueblo Israel a cumplir con su parte del pacto. “Cumplan ustedes, entonces Yo cumpliré,” les dice. Es vital que entendamos que estos textos no pueden ser aplicados a nosotros hoy en día porque el pacto a que se hace referencia es el pacto entre Dios e Israel. Las condiciones son diferentes para nosotros hoy en día.


¿Por qué volver a Egipto?

El pacto entre el pueblo de Israel y Dios fue sustituido por uno nuevo; un pacto de misericordia y gracia con la humanidad. Pasajes como Hebreos 8:6-13 nos hablan de esta realidad y Gálatas 5:1 nos advierten que no volvamos a la esclavitud de la ley. Insistir en el diezmo sería no entender o, aún peor, menospreciar el cumplimiento de la ley en Cristo. ¿Por qué querríamos arrastrar leyes que aplicaban para el pueblo de Israel si estamos en la era de gracia?, ¿Por qué volver a Egipto?


Más católico que el Papa

Si un ciudadano del antiguo Israel observara nuestra práctica de diezmar de hoy en día, no entendería que estamos tratando de imitar. Para él, pagar el diezmo era básicamente pagar impuestos, así que se preguntaría por qué no nos conformamos con pagar el Impuesto fiscal. “Porque este dinero no va para la iglesia.” le explicaríamos. “Pero, por qué se lo piden a los pobres, si ellos en mi tiempo no pagaban nada?” preguntaría también. “¿Cómo?” exclamaríamos asombrados. “¿No pagaban nada?” “No, porque se diezmaba sobre las posesiones y las cosechas, así que los que no tenían nada no pagaban nada, más bien, ellos recibían parte de los diezmos.” (cf. Deut 14:28-29, 26:12-15)

¿Cómo es eso que insistimos en una práctica que ni siquiera refleja bien la práctica del Antiguo Testamento?, ¿Con qué cara les exigimos a los pobres que cumplan con esta ley cuando justamente ellos fueron eximidos de la misma?, ¿Y por qué no la aplicamos con todo el peso a los ricos, pidiendo que paguen sus diezmos también sobre el valor de sus propiedades? Nuestra práctica es totalmente incoherente.


10% para Ti… ¡90% para mi!

A veces, lo bueno es enemigo de lo mejor. Si nos acostumbramos a dar un 10%, fácilmente podemos olvidar que las exigencias para los discípulos de Cristo son mucho mayores. Cristo no enseña el diezmo; podríamos decir que él reemplaza a esta enseñanza con la “ley del todo”; ¡un 100% le pertenece a Dios! Esto se deja bien claro en frases retadoras como “cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo” (Lc 14:33).

Así que el desafío para la Iglesia no consiste en enseñar a sus miembros a dar un 10% sino que el verdadero reto es formar creyentes con una convicción absoluta que Dios es dueño de todo (Salmo 24:1) y que todo está a su disposición en cualquier momento (Hch 2:44-47), creyentes que no se excusan ante un llamado de Dios, argumentando que ya cumplieron porque ya entregaron su diezmo a la iglesia, como se excusaron los fariseos en su tiempo (Mat 15:5).


Con el perro entran las pulgas…

Muchos estarían de acuerdo en que el diezmo no es una ley que tiene que ser cumplida hoy en día, pero igual la promueven como una forma de incentivar a los creyentes a ofrendar. Pero ¿no hay otra forma de hacer esto?, ¿Por qué no dejar de usar el término “diezmo” del que en nuestro contexto se ha abusado tanto para infundir culpabilidad o manipular? En nuestro tiempo ya no es un término neutral y será difícil evitar que al usarlo se arrastre la connotación de obligación o “origen seguro de mi futura prosperidad” que se le ha dado en el ámbito de la teología de la prosperidad, una herejía que se quiere ir insertando más y más en nuestras congregaciones. Al usar este término tan cargado de ideas heréticas, hacemos a los miembros de la iglesia vulnerables. Si nos distanciamos de una vez de dicha herejía, cerramos las puertas a posibles abusos y manipulaciones.


Pero la Palabra es la Palabra

No quiero dar la idea de que se está desechando el Antiguo Testamento. A través de sus leyes podemos entender mucho acerca del corazón de Dios y sus prioridades. Así que, aunque la ley del diezmo no sea vigente para nosotros, podemos aprender que:

- El pueblo de Dios es responsable de sostener las estructuras y los trabajadores con sus aportes. Esto sigue siendo verdad para nosotros (véase también 1 Cor 9:3-12).

- Es sabio presupuestar una ofrenda regular (con un monto significativo) y no solamente dar “lo que me sobra.” Qué fácil es decir “todo le pertenece a Dios” pero dejar que los meses pasen sin dar un solo aporte importante.

- El que tiene más, debería de dar más.

- No solamente la infraestructura de la iglesia se debería beneficiar por las ofrendas, sino también los pobres y necesitados.

A la luz de todo lo mencionado arriba podemos concluir que necesitamos renovar nuestro concepto acerca de dar al Reino de Dios teniendo en mente la plenitud del contexto neotestamentario y no limitarnos a una ley del Antiguo Testamento tan arbitrariamente elegida entre muchas otras y, encima de todo, mal representada.
¡Digámosle adiós al diezmo!


Aclaración

¡Un último adiós al diezmo! Esta fue la propuesta de entrada y también la conclusión final de mi artículo sobre la bien conocida práctica en nuestras iglesias de “dar el diezmo”. Parece que algunos lectores vieron esta frase y la interpretaron como “dígale a su pastor que ya no cuenta con usted” o “dejen a sus iglesias en la ruina”. Es claro que el concepto del diezmo culturalmente ha estado combinado con la idea de serle fiel a Dios, por eso, la propuesta de despedirnos de esta costumbre naturalmente levanta protestas. Pero déjenme ser bien clara: no estoy diciendo que dejemos de dar. Estoy diciendo que nuestra práctica necesita ser bíblica. Hay que discernir entre tradiciones humanas, por bien intencionadas que sean, y enseñanza bíblica.

Algunos objetaron a mi propuesta citando textos de la carta a los Hebreos, donde se menciona que Abraham le pagó un diezmo de su botín al sacerdote de Salem, Melquisedec (Hebreos 7:6-11). Según ellos, este pasaje nos muestra que debe haber continuismo. Sin embargo, aun una mirada superficial al texto nos dice que el énfasis no es el de defender el diezmo, sino de establecer la superioridad de Melquisedec a Abraham por medio de un recuento histórico de un acontecimiento bastante normal para su tiempo donde dar un diezmo era una práctica común para varios pueblos. El meollo de este texto es que el que recibe el tributo es mayor a la persona que lo da y el que bendice es mayor a la persona que recibe la bendición (cf.7:7). Esta conclusión es importante para el argumento de Hebreos porque quiere demostrar que hay un orden de sacerdocio diferente y mayor al sistema levítico, el orden según Melquisedec, cuyo sumo sacerdote llegó a ser Jesucristo. Así como no sería lógico decir que deberíamos seguir haciendo “matanzas de los Reyes” solamente porque Abraham lo hizo y quedó mencionado en Hebreos 7, no es lógico decir que el diezmo sigue siendo vigente solo porque el NT registra que Abraham lo hizo una vez. Como dije en mis comentarios: si tuviera que hacer todo lo que hacía Abraham, mi vida se vería muy diferente. Y el hecho de que iglesia primitiva no practicaba el diezmo, como lo expone el Dr. Shogren en su artículo “La iglesia NO diezmó por los primeros 4 siglos”, también nos debe alertar acerca de querer ver un mandato en este texto.

La idea de “no al diezmo” levantó un temor en varios lectores. Si dejamos de pedir el diezmo, es muy factible que los ingresos decaigan de forma substancial. En un comentario se lee “es que esta posición y enseñanza de ‘no al diezmo’ lleva a la quiebra a las congregaciones que la practican. Este sistema NO funciona”. La verdad es que no tengo ninguna garantía para que esto no pase. Quizá, el mismo lector tenga razón cuando dice que dejar de pedir el diezmo sería darle una excusa a la gente para no dar. Pero pensemos un segundo en lo que revelaría esto si realmente pasara. Nos diría claramente que la gente da porque piensa que está bajo una obligación. Da para no quedar mal con el pastor, por miedo a perderse alguna bendición mística relacionada con el tema o para obtener la bendición que piensa que está prometida. ¿Es esta la ofrenda agradable que le queremos ofrecer a nuestro Dios, a este Dios que insiste una y otra vez que a El le importa la motivación del corazón, la integridad en lo íntimo? Creo que la prioridad de Dios no es ver nuestro dinero, sino nuestro compromiso y nuestra pasión para El y Su Reino.

Sigamos explorando el temor a los ingresos bajos. Analicemos por un segundo la tesis “bueno, la Biblia no dice que Dios espera el diezmo, pero sigamos exigiéndolo nosotros para que haya dinero en la iglesia.” ¿No se les prende una luz roja a ustedes?, ¿No suena a una forma totalmente humana de enfrentar un problema de la iglesia? Cuando hice una investigación sobre los fariseos me encontré con una gran sorpresa: ellos no habían nacido como hipócritas. Su intención inicial era sumamente sana y respetable; su afán era evitar pecar. Por eso definieron exactamente qué era pecado y qué no y elaboraron las leyes respectivas, sólo que con el tiempo se convirtió en hipocresía, porque era imposible cumplir. ¿No estamos en peligro de recrear la misma situación cuando instituimos una ley donde Dios no lo ha hecho?

Entre los lectores hubo varios que decían “Bueno, la ley se acabó, el 10% era del Antiguo Testamento. Pero nosotros debemos de dar por lo menos un 10%.” Debo decir que es una conclusión tentadora. Al fin y al cabo las exigencias del Nuevo Testamento son mayores a las del AT y podríamos de una vez para todos acabar con la mentalidad limosnera que puede existir entre los creyentes. Pero esta tesis tampoco aguanta un examen a fondo. Una sola mirada a la frase “La ley del diezmo se acabó, pero ahora la ley es un mínimo del 10%” desde la óptica de la lógica, nos revela la falacia de la contradicción y nos echa para abajo también este argumento. Si no hay ley, no hay ley. Además, puede que estemos segados por pensar en términos de la matemática. Nos parece que un 10% sería justo y equitativo – el que tiene más, da más, el que no tiene nada, no da nada. También aquí estamos equivocados. Dar un 10% de sus ingresos para alguien de clase media o alta NO significa lo mismo que para una familia de clase baja donde cada centavo tiene que rendir para las necesidades básicas. Yo no quisiera atribuirme la responsabilidad de inventarme un mandamiento que los obligue a dar un mínimo cuando ni siquiera bajo el antiguo pacto lo hubieran tenido que hacer.

Una pregunta clave que surgió entre los comentarios fue la siguiente: si nos despedimos del diezmo, ¿con qué nos quedamos? Hay un post que lo resume diciendo: “un último adiós al diezmo y una bienvenida a …?” Sí, es una pregunta importante. ¿Cuál es la alternativa? Bueno, definitivamente debemos enseñar sobre la bendición que es el dar y ser generoso, también sobre ser compasivo y sensible a la necesidad del prójimo. Igualmente pienso que los miembros de la iglesia deben estar informados sobre los gastos y deben saber que ellos son responsables de sostenerla en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, la clave es que logremos un mayor compromiso y una mayor entrega de parte de cada creyente y dejemos de ver el tema de las finanzas como el punto más importante. Si logramos enseñar que ser cristiano es más que ir a la iglesia el domingo, si logramos despertar una pasión genuina para Dios y Su Reino y hacer que todos vivamos cada día estando consciente que Dios es el dueño de absolutamente todo lo que poseemos, se librarán muchos recursos, no solo económicos. Lo que necesitamos son corazones apasionados para el Rey que estén conscientes de las implicaciones financieras de la gran empresa.

Créditos: Razón de la Esperanza
¿Qué dijo Jesús sobre los Diezmos? ¿Qué dijo Jesús sobre los Diezmos? Reviewed by Roger Casco Herrera on febrero 01, 2015 Rating: 5

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Author Name [Roger Casco Herrera]

Author Description [Pastor general de la Iglesia Bíblica de Jesús (IBJ), escritor del libro apologético "Su NOMBRE ¿Jesús o Yeshúa?" (considerado por la crítica: un estudio de alta erudición que explica las razones por las cuales decimos Jesús en lugar de su nombre hebreo), Peregrino de Israel en 2008, autodidacta y maestro bíblico de ministerios ¿Quién es Jesucristo? (+504 9820-2424 WhatsApp)]



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