Sí el Cristiano puede seguir Pecando, ¿De qué me sirve el Evangelio?


Por el hermano Roger Casco Herrera
Ministerios de Enseñanza Bíblica Doctrinal Cristocéntrica y Apologética ¿Quién es Jesucristo?

Recientemente un hombre preguntó esto al grupo de amigos y hermanos de la fe que enseñamos la Biblia en Radio Gualcho (1510 AM, Domingos 5:00-6:00 PM) en el Programa "La Razón de la Esperanza".

Hombre: ¿Puede un cristiano seguir pecando?
Nosotros: ¡Claro que sí!
Hombre: Entonces, ¿por qué debo aceptar el Evangelio si voy a seguir viviendo la misma vida de Pecado? Eso no tiene sentido para mi.

Luego de haberle conducido a la respuesta y razón de este tema tan interesante, es mi necesidad compartirles a ustedes lo que dicen las escrituras al respecto.

Muchas personas que no entienden este asunto de la vida de fe, o la de un seguidor de Jesús, es que tienen algo en común, piensan que el cristiano no puede pecar, no peca más.

Para ellos, aunque no lo entienden y ni saben como es esto, pareciera que aceptar a Dios les habre una brecha mágica de divinidad y satificación plena de tal manera que este nuevo hombre o mujer, no peca. Aunque es falso, no es del todo hay algo verdadero en ello.

Sí es verdad que existe una brecha restaurada entre Dios y el hombre pero no quiere decir que hemos dejado de pecar. Esta es la primer crisis que vive el recien convertido o aquel que inicia el proceso del estilo de una nueva vida y una nueva criatura en Cristo. Los amigos, los familiares y hasta los enemigos esperan que sea un santo de la noche a la mañana.

Aunque, explicar esto suele ser algo díficil trataré de que no sea más.

Ahora bien, no podemos pasar por alto la crisis de esta premisa, falsos creyentes -que como excusa- justifican su mladad y pecaminosa vida -no ante Dios cosa que no pueden- sino ante los demás, ante nosotros diciendo: "soy  humano, soy pecador, perdón". Esto va mucho más allá de esta comprensión vana y vulgar que no dignifica el testimonio de Cristo en nosotros.


Todos somos Pecadores. Nuestros cuerpos estan bajo la maldición del Pecado. 

I Juan 1:8,10 y Romanos 5:12 nos advierten que todos somos pecadores, y que si decimos que no hemos pecado no solamente somos mentirosos sino que la Palabra de Dios no esta en nosotros.


¿Y ahora con Cristo?

El Apóstol Juan escribió un verso algo díficil de entender para algunos:

Todo aquel que permanece en él,  no peca;  todo aquel que peca,  no le ha visto,  ni le ha conocido. (1 Juan 3:6 RV60)

¿Cómo es posible que el cristiano continué pecando? Sin embargo, antes el mismo escritor en I Juan 1:9, nos hace saber que sólo por medio de la "confesión de nuestros pecados" -no se trata de simplemente decir perdón o mover la boca sino de una humillación real del corazón que provoca hechos-, Jesús puede pedonarnos de todos ellos y limpiar nuestra maldad.

¿Qué quiere decir limpiar nuestra maldad? El Apóstol Pablo lo explica:

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. (Romanos 7:14-25 RV60)

Entonces, ya entendimos que esa maldad es "la intención" de pecar. Primero yo no tenía límite o conciencia, hacia lo que hacia porque creía que era normal o así debería ser. Ahora, con la regeneración o esta nueva vida en Cristo mi estilo de vida cambia pese a que en mi cuerpo existe la tentación de pecar. Anteriormente, Pablo dijo: "Miserable de Mí"... Ahora en Cristo nos revelamos ante la conducta pecaminosa, ya no queremos pecar así de simple, sin embargo, pero con mucha complicación y oposición a mi mismo este cuerpo volvera a su ley, pecar. No obstante, yo mismo con la mente sirvo a Dios.

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20 RV60)

Desde luego, entonces, que el Cristiano puede pecar pero realmente no peca. Ya no es arrastrado como antes por su cuerpo, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida.

Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. (Gálatas 5:16-26 RV60)

Como bien ha dicho el Apóstol quienes hemos sido crucificados juntamente con Cristo, nuestro cuerpo ha muerto con sus pasiones y deseos. Andamos por el Espíritu de Dios resistiendonos, oponiendonos a los deseos de la carne que este cuerpo desea satisfacer. Ya no deseamos pecar aunque necesariamente obligatorio caigamos en él. Por eso caemos en dolor, decepciones y la peligrosa culpabilidad que puede hacernos desistir de la vida piadosa, es decir de la vida temerosa de Dios y apartada del pecado.

Por ejemplo: Sí para mí antes era normal masturbarme, ahora ya no lo es más. Sí para mí era normal tener relaciones sexuales con varias mujeres, fornicar, ahora ya no lo es más para mí. Cuando vengo a Cristo no se trata de vivir bajo las mismas condiciones de pecado y estilo de vida, claro que no, ocurré algo en mi interior que me juzga y me dice: "ya no debe ser así" y proseguimos al "cambio", no por imposición sino por una convicción interna que nace por el amor y temor a Dios en Cristo Jesús. Así que, ya no quiero pecar. Quiero agradarle a Dios no a mi mismo. Ya no quiero satisfacerme a mí sino a Él.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:1-23 RV60)

Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. (Romanos 7:15-17 RV60)

Justificados,  pues,  por la fe,  tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes,  y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto,  sino que también nos gloriamos en las tribulaciones,  sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia,  prueba;  y la prueba,  esperanza; y la esperanza no avergüenza;  porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque Cristo,  cuando aún éramos débiles,  a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente,  apenas morirá alguno por un justo;  con todo,  pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros,  en que siendo aún pecadores,  Cristo murió por nosotros. Pues mucho más,  estando ya justificados en su sangre,  por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos,  fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,  mucho más,  estando reconciliados,  seremos salvos por su vida. Y no sólo esto,  sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo,  por quien hemos recibido ahora la reconciliación. (Romanos 5:1-11 RV60)

Y me ha dicho:  Bástate mi gracia;  porque mi poder se perfecciona en la debilidad.  Por tanto,  de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,  para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual,  por amor a Cristo me gozo en las debilidades,  en afrentas,  en necesidades,  en persecuciones,  en angustias;  porque cuando soy débil,  entonces soy fuerte. (2 Corintios 12:9-10 RV60)

Sí el Cristiano puede seguir Pecando, ¿De qué me sirve el Evangelio? Sí el Cristiano puede seguir Pecando, ¿De qué me sirve el Evangelio? Reviewed by Roger Casco Herrera on marzo 21, 2014 Rating: 5

1 comentario

  1. Wooohh hermano Casco, excelente nota, acerca de este tema que realmente es muy complicado para cualquier persona sea este creyente o no, realmente que solo el Santo Espíritu de Dios nos puede llevar a tal comprensión, gracias por su nota explicativa apegada al contexto bíblico, alabo a Dios por tal enseñanza. Jesús nos ama - Gracia y Paz sea a su vida y a los suyos. ! amen.

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Author Name [Roger Casco Herrera]

Author Description [Pastor general de la Iglesia Bíblica de Jesús (IBJ), escritor del libro apologético "Su NOMBRE ¿Jesús o Yeshúa?" (considerado por la crítica: un estudio de alta erudición que explica las razones por las cuales decimos Jesús en lugar de su nombre hebreo), Peregrino de Israel en 2008, autodidacta y maestro bíblico de ministerios ¿Quién es Jesucristo? (+504 9820-2424 WhatsApp)]



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